GOBIERNO DE CALIDAD/ La nueva masculinidad en las empresas

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Por Jorge Manrique, Rector del Colegio Jurista y director general de Gobierno de calidad, consultoría de políticas públicas

La llamada nueva masculinidad no es un eslogan: es un cambio profundo en la forma en que los hombres se relacionan con el poder, la vulnerabilidad, el liderazgo y la ética. Y en el ámbito organizacional, este giro no solo transforma culturas laborales: redefine qué significa liderar con humanidad.

Desde las universidades, trabajamos ya para establecer un cambio de paradigma que apuesta a la equidad y a mayores oportunidades de género.

Las características centrales de la nueva masculinidad son:

  1. Vulnerabilidad como competencia, no como debilidad. Reconoce emociones y las expresa sin vergüenza. Pide ayuda cuando la necesita y sabe reparar cuando se equivoca.
  2. Liderazgo colaborativo. Deja atrás el modelo jerárquico y competitivo. Fomenta la escucha, la co-creación y la inteligencia colectiva.
  3. Responsabilidad afectiva. No evade conversaciones difíciles. Se hace cargo del impacto de sus acciones. Evita dinámicas de manipulación o ambigüedad.
  4. Ética del cuidado. Integra empatía, respeto y límites claros. Reconoce que el bienestar emocional también es parte del trabajo.
  5. Flexibilidad identitaria. No se aferra a roles rígidos. Se permite explorar nuevas formas de ser hombre sin miedo al juicio.
  6. Relación sana con el poder. No domina: facilita. No controla: acompaña.No impone: dialoga.

Las implicaciones en el ámbito organizacional son que los líderes que encarnan esta nueva masculinidad generan equipos más creativos y leales, reducen la rotación, promueven culturas psicológicamente seguras y toman decisiones más éticas y sostenibles.

Mediante la nueva masculinidad la autoridad deja de ser intimidación y se convierte en presencia confiable y mejora del clima laboral.

Cuando los hombres dejan de competir por estatus y empiezan a colaborar, disminuye el conflicto silencioso, se reduce el burnout y aumenta la comunicación honesta. La organización se vuelve un espacio más humano y menos performativo.

La nueva masculinidad también reduce las violencias normalizadas al cuestionar micromachismos, humor sexista, dinámicas de exclusión y prácticas de “hombre alfa”

Esto abre espacio para culturas más inclusivas y equitativas. También se impulsa la innovación en políticas de bienestar

Los hombres que se permiten vulnerabilidad impulsan licencias de paternidad reales, horarios flexibles, políticas de salud mental y modelos de corresponsabilidad. La empresa deja de ser un campo de batalla y se convierte en un ecosistema.

Hoy, cuando las nuevas generaciones buscan líderes auténticos, no figuras autoritarias. Una organización que abraza estas masculinidades atrae talento diverso, retiene perfiles creativos y se vuelve más competitiva culturalmente.

En suma, la nueva masculinidad no es un manual, sino un proceso de desaprendizaje. Implica que los hombres renuncien a privilegios invisibles y aprendan a habitar el poder de forma más humana. Y para las organizaciones, significa pasar de la cultura del rendimiento a la cultura del sentido.

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